TRISTE FINAL
Esto es algo que escribió una chica muy linda... mi hermana Esmeralda de 14 años... la quiero mucho y me dio mucho gusto que tratara de escribir y así desahogar lo que lleva adentro...
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Cada mañana al despertar me pregunto que sucederá; cada vez que quiero desaparecer cuento hasta tres, pensando en los segundos que me quedan. Percibo una despedida triste y sola. Las dudas me abordan en un mar de incógnitas, de preguntas que no hallan respuestas; me pregunto si el deceso será la solución. ¿Por qué no? ¿Acaso se acabó todo? ¿Acaso ya no queda nada?
Bueno, al fin y al cabo siento que esta vez no tengo opción, es mi fin; quisiera retroceder el tiempo, pero ya es tarde, ese sueño no será cumplido. El canto de mi muerte ha sido declarado, las lágrimas caen en mis manos contemplando lo que hice, lo que no puedo detener, mi destino parece estar hecho, ese destino que nada ni nadie podrá cambiarlo. Escucho las voces preparadas para gritar mi último suspiro, gritar mi último aliento, gritar a viva voz mi muerte. Los murmullos atormentan mi ser, reprochando mis acciones, esas que he provocado según las voces.
Si solo he pecado en algo, es por el amor de un hombre. El amor que maneja mis locuras, mis mentiras, mis pecados, aquellos que pueden destruir mi mundo; pero el tiempo se acaba y las palabras se agotan. La marcha de mi derrota quiebra el silencio de mi espera.
El peor error de mi vida, amarte como te amé. La desdicha no fenece con el correr de las horas, con el correr de mi fin. ¡Oh, amor mío! Siempre te atesoraré en mi corazón, junto a ese amor tan puro y verdadero que te profeso. Anhelo ser tu ángel para estar contigo por la eternidad.
La hora ha llegado; el camino al calvario se abre ante mi vista. Sin embargo, si perezco es por ti mi amor y no por la ley del hombre que hoy me ha juzgado. ¡Oh, Dios mío! Recíbeme en tu gloria; permíteme estar con él en el paraíso o el infierno, para así poder amarlo hasta la inmortalidad. El pecado que llevo en mi ser fue amarlo sin clemencia, por eso te pido señor piedad para mi alma, misericordia para este amor.
Siento que el aliento se aleja cada minuto, cada segundo.
Que este sacrificio valga la pena para hallar la felicidad, esa felicidad que no pudiste hallarla conmigo y que rompió mi corazón, pero no mi amor. Te amo y quiero lo mejor para ti, toma esta acción como muestra de mi gran cariño. No me olvides cariño mío. Velare tus sueños desde cualquier lugar en que me encuentre.
Adiós mi amor. Te amo.
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Cada mañana al despertar me pregunto que sucederá; cada vez que quiero desaparecer cuento hasta tres, pensando en los segundos que me quedan. Percibo una despedida triste y sola. Las dudas me abordan en un mar de incógnitas, de preguntas que no hallan respuestas; me pregunto si el deceso será la solución. ¿Por qué no? ¿Acaso se acabó todo? ¿Acaso ya no queda nada?
Bueno, al fin y al cabo siento que esta vez no tengo opción, es mi fin; quisiera retroceder el tiempo, pero ya es tarde, ese sueño no será cumplido. El canto de mi muerte ha sido declarado, las lágrimas caen en mis manos contemplando lo que hice, lo que no puedo detener, mi destino parece estar hecho, ese destino que nada ni nadie podrá cambiarlo. Escucho las voces preparadas para gritar mi último suspiro, gritar mi último aliento, gritar a viva voz mi muerte. Los murmullos atormentan mi ser, reprochando mis acciones, esas que he provocado según las voces.
Si solo he pecado en algo, es por el amor de un hombre. El amor que maneja mis locuras, mis mentiras, mis pecados, aquellos que pueden destruir mi mundo; pero el tiempo se acaba y las palabras se agotan. La marcha de mi derrota quiebra el silencio de mi espera.
El peor error de mi vida, amarte como te amé. La desdicha no fenece con el correr de las horas, con el correr de mi fin. ¡Oh, amor mío! Siempre te atesoraré en mi corazón, junto a ese amor tan puro y verdadero que te profeso. Anhelo ser tu ángel para estar contigo por la eternidad.
La hora ha llegado; el camino al calvario se abre ante mi vista. Sin embargo, si perezco es por ti mi amor y no por la ley del hombre que hoy me ha juzgado. ¡Oh, Dios mío! Recíbeme en tu gloria; permíteme estar con él en el paraíso o el infierno, para así poder amarlo hasta la inmortalidad. El pecado que llevo en mi ser fue amarlo sin clemencia, por eso te pido señor piedad para mi alma, misericordia para este amor.
Siento que el aliento se aleja cada minuto, cada segundo.
Que este sacrificio valga la pena para hallar la felicidad, esa felicidad que no pudiste hallarla conmigo y que rompió mi corazón, pero no mi amor. Te amo y quiero lo mejor para ti, toma esta acción como muestra de mi gran cariño. No me olvides cariño mío. Velare tus sueños desde cualquier lugar en que me encuentre.
Adiós mi amor. Te amo.
Esmeralda

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