LOS SECRETOS DEL PODER

LOS SECRETOS DEL PODER
Por De la Cruz, John
Ayer vi una película con un trasfondo político, lo que me gusta mucho. Los secretos del poder, como se le conoce en español, es una de esas películas que al margen de entretener como un thriller también te hace reflexionar sobre diversos temas, como la labor de los periodistas, las jugadas de la política norteamericana, además del negocio de los mercenarios en las guerras de Irak y Afganistán (ahí tienen el caso de Blackwater), agregando que las actuaciones son buenas y creíbles.
Pero volviendo a la película que fue dirigida por el director de El último rey de Escocia, Kevin MacDonal, film que también posee una calidad muy alta (una de mis favoritas), debo comentar de la seriedad que debe poseer un diario que se dedica a informar, tema que está inmerso en la película. Digo esto porque al salir de casa veré los diarios de nuestro país, que verdaderamente dejan mucho que desear. No es novedad su total inclinación por los grupos de poder, por el gobernante de turno, y a eso hay que agregarle los diarios chicha, los de cincuenta céntimos, que solo ven el negocio de vender desnudos y pseudonoticias en su portada. Claro, puede que alguien salga al frente y me diga que eso es parte de la libertad de expresión, yo le respondo que eso es cierto, sin embargo, todo tiene un límite, esa también es una verdad. Verdad por la que deberían trabajar nuestras autoridades. A qué viene esto, pues al reciente proyecto de ley del congresista y dueño de un canal, Ricardo Belmont, que señala que las autoridades deberán sancionar al diario y su director si producen obscenidades, y muchas cosas más. Varios periodistas han dicho que es una ley mamarrachenta, poco clara y que solo serviría para poner una daga al cuello a los dueños de los medios de comunicación. Comparto la opinión de que es una ley poco clara y algo mamarrachenta. Creo que el señor Belmont, pensando en sus buenas intenciones en nuestra niñez que solo ve calatas en kioscos y canales de televisión, se hubiera ahorrado el cargamontón si en lugar de hacer una nueva ley hubiera luchado contra los medios obscenos haciendo cumplir la ley ya existente, luchando con una comisión que se encargue de hacer cumplir las normas que protegen al menor frente a las barbaridades que ven todos los días, ojo, hablo por los menores.
Hablo de los menores, porque nadie habla de ellos. Todos se recienten con este proyecto de ley y hablan de libertad de expresión, de la antipatía que causa el señor Belmont, de para qué sirve el congreso, de la pena que da el canal once, etc. Empero, creo yo, no tocamos el tema de los menores de edad. Apoyo y comparto las críticas hacia este tema, pero también debatamos entonces cómo hacer para que los medios de comunicación no dañen la integridad de los menores, su integridad psicológica, algo que aunque muchos menosprecien es un tema importante. Que nos hayamos acostumbrado a vivir bajo estas condiciones no quiere decir que lo aceptemos libremente. Hay que discutirlo, debatirlo, que hablen todos, escuchemos todas la posiciones, el punto es que hagamos algo.
Nosotros, como pueblo, debemos tener dignidad, orgullo, sentimientos que carecen muchos hoy en día; se supone que es el pueblo quien fiscaliza todo esto y le exige a los medios que moderen sus contenidos y nos informen de verdad, ya dejen de mostrar mucha sangre, calatas, esas cosas no son las únicas noticias que hay, deben saberlo. Es ahí donde viene otro tema sobre la prensa en nuestro país y en el mundo: la seriedad de lo que informan.
No es ninguna novedad que diversos medios son comprados por un mismo dueño, por una misma corporación, ¿esto es malo? Pues claro que es malo, ya que así ya no hay seguridad de independencia, el dueño ordena qué publicar y qué no. Ahí tenemos al monstruo de Rupert Murdoch, que es dueño de un conglomerado de medios, y aquí los tentáculos de la corporación de El Comercio, que al final trabajarán a favor de quien corta el jamón, de la mano que mece la cuna. En este nivel es poco lo que puede hacer la autoridad nacional, sin embargo, el pueblo sí está en el derecho de exigirles que nos informen bien, que nos informen con toda la verdad, algo que no me cansaré de decirlo.
¡Vamos! Sabemos que nos mienten en nuestras narices y no hacemos nada. Sé que los blogs, es decir, la Internet, dan su pelea aparte, pero no es suficiente, y peor en un pueblo tan envilecido, humillado, tan escaso de cultura, como es el Perú, mi Perú. Y lo digo así porque haber nacido en este suelo como muchos otros me da el derecho de alzar mi voz de protesta, de crítica y hablar sobre los temas que nos deben incumbir a todos. ¡Vamos Perú! Es hora que despiertes de tu sueño de siglos y recapacites de lo que has hecho hasta ahora, no sigas durmiendo mientras el mundo se desmorona a tu alrededor y no te das cuenta.
¡Vamos Perú!

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