YUME
El cuerpo cansado me vence, el veneno ya corre por mis venas susurrando a mi cerebro que ya estoy preparado. El éxtasis llega en ese momento escarapelando mi cuerpo, no puedo detenerlo aun si quisiera, porque en realidad lo quiero; lo quiero sentir, lo quiero sentir una vez más, aun sabiendo que me hace daño. Las razones ni yo mismo las sé, sólo sé que el mundo que habito es simple y complejo a la vez, lo suficiente como para aturdirme y seducirme al sueño. Ese sueño que es corto, pero dulce, amargo, pero excitante. Me lleva a ese mundo extraño, cálido y con esperanza. La ilusión convence a mis ojos cerrando mis párpados. La carne se adormece, me pesa, no puedo controlar mi aliento. La sensación de nada, porque es la nada la que me lleva, me toma en sus brazos, dándome ese cariño que vuela por los aires y que puedo tocar por fin en ese momento.
Pero es en ese momento que el dolor inconfesable persigue mis sentidos, el clímax llega a su fin y con ello llega el remordimiento, pero ya nada me importa, tan simple como eso. Maldigo el instante tortuoso que termina con la muerte de ese amor efímero. Las lágrimas despiertan la dureza del suelo que recibe mi cuerpo, ya todo ha terminado y nada ha cambiado, ni hoy ni mañana; se acabo.
Juan
Pero es en ese momento que el dolor inconfesable persigue mis sentidos, el clímax llega a su fin y con ello llega el remordimiento, pero ya nada me importa, tan simple como eso. Maldigo el instante tortuoso que termina con la muerte de ese amor efímero. Las lágrimas despiertan la dureza del suelo que recibe mi cuerpo, ya todo ha terminado y nada ha cambiado, ni hoy ni mañana; se acabo.
Juan

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