Camino al APEC
Dicen que el efecto vitrina es muy importante para el Perú, que todos están maravillados con nuestra gente, gastronomía, cultura, etc.
Las reuniones protocolares se dan por doquier, llueven las condecoraciones, los homenajes, las fotos de rigor, todo lo que representan la parte más frívola de la diplomacia. Se firman acuerdos y dicen que ya vienen más de un TLC, esos que nos sacarán de la pobreza, el sueño prometido de un sistema neoliberal que tenemos impuesto ya varios años; el sueño de convertirnos en un país desarrollado y que la prosperidad llegue a cada rincón del territorio, que más se puede pedir.
Un rayo de esperanza parece hipnotizarme, ¿acaso puedo llegar a creer en este sueño?, ¿soy un resentido social que todo lo ve mal?, ¿puedo confiar en algo en el señor García?, ¿puedo confiar en este sistema?, ¿puedo soñar?
Después de pensarlo por unos instantes, la respuesta viene a mí; viene caminando, con unos pies cansados de tanto andar, con unos ojos tristes que ven a esta selva de concreto como el hogar que lo ayudará a salir adelante, es el cuerpo de un niño provinciano que está obligado a trabajar para poder vivir vendiendo caramelos. Pero es más que eso, es la pobreza que se ve reflejada en cada esquina de esta ciudad, es ese verdadero atentado contra los derechos humanos. Ese que nos dice que el 39% de la población vive debajo de la línea de la pobreza, debajo de este país pujante que todos se esmeran en pregonar. La crudeza de los problemas sociales agobia cada día más, con un llanto apagado, al que todos prefieren no oír y hacerse a los sordos, pero ese niño sigue ahí, con todo lo que representa. Y esta ciudad amurallada sigue incólume, sigue soñando con ser la mejor sede internacional que haya tenido
Sin embargo, seguimos esperando ese sueño prometido, ese que estoy seguro no llegará. Porque mientras aumentan los puestos de trabajo, los sueldos bajan; porque mientras a duras penas el agro nacional lucha por no desaparecer, ya llegan los productos extranjeros subsidiados; porque mientras nuestra industria textil lucha por crecer, ya está llegando el gigante chino para aplastar lo que se le presente por delante; porque mientras unos luchan por nuestras riquezas nacionales para hacerlas crecer y hacer industria, ya se está vendiendo cada parte de este país en el nombre de la inversión y el desarrollo.
Y es que este mundo de caretas e hipocresías, donde es mejor olvidarse de los problemas, esconderlos debajo de la alfombra parece ser la solución; como los políticos y la prensa parecen hacer o creen parecer hacerlo.
Las horas pasan y llego tarde a mi cita, esperando que algún día todo cambie. Bueno, yo también seguiré soñando.

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